Hoy podría ser un día memorable, podría en una mañana que ahora me parece distante, recordarme hoy, escribiendo estas páginas en medio de una pandemia, sobreviviendo, esquivando, naufragando más que en el virus, en el miedo, esquivando los golpes psicológicos y me reiré, o tal vez solo sonreiré al recordarme hoy 14 de mayo de 2020 escribiendo desde el miedo y la confusión.⁣

Cuando recuerde este tiempo tal vez esté sentada en medio de la naturaleza, disfrutando de mi amado clima entre 10 y 15 grados y de las maravillas que Dios pone en mi camino.⁣

Puede que en ese día lejano, me recuerde hoy, y me dé ternura yo misma, por sentir tanto miedo y tenerlo todo. ¿Lo tengo?, mi voz interior susurra: claro que sí, con lo que tienes ahora te basta.⁣

Esta pandemia nos está sacando dos extremos, por un lado el pánico, el egoísmo, el desespero y por otro lado el compañerismo, la bondad, y la conciencia.⁣

Nos está trayendo cosas intimidantes como las muertes masivas, el contagio, el desempleo, el dolor y la escasez, pero también están llegando cosas buenas como el respiro de las ciudades, la limpieza de los ríos y mares.⁣

La cuarentena está trayendo para algunos mucha violencia familiar, pero para otros más tiempo sano en familia y una oportunidad única en su especie de pasar padres e hijos juntos temporadas tan largas.⁣

Si esto no nos hace más fuertes, que al menos nos haga más conscientes. ¿no?⁣

Escrito el 14 de mayo de 2020

El vergonzoso ataque de pánico

Alguna vez seguramente me viste súper sonriente, a veces por inercia, a veces por disimular un ataque de pánico asomándose y comenzando a estrujar mis nervios.⁣

La primera vez que me dio un ataque de pánico tenía 18 años, vi en una ventana, a un medio metro de mí: el rostro de lo que la fantasía denominaría: un demonio (sí, con cuernos y todo), me puse a llorar y me dio vergüenza decir qué era lo que había visto.⁣

Me mareaba muchísimo y a veces tenía que sentarme en el suelo para no caer.⁣
Sentía que mi frente siempre quemaba y tenía que ponerme hielo.⁣

Me atragantaba al comer porque mi corazón siempre estaba latiendo tan fuerte como si corriera.⁣

El desencadenante? El robo de mi perro de 10 años, seguido por un asalto en el que no pretendían llevarse mis pertenencias, sino a mí.⁣

Ya en un consultorio médico me dijeron: Hay tres posibilidades, puedes tener ataques de pánico, problemas cardíacos y/o un tumor cerebral.⁣
Para mi suerte eran solo dos de tres, no tenía ningún tumor.⁣

Fui medicada por un largo período, diversas pastillas y ayuda psicológica de la universidad en la que no fui constante para ser sincera. (Un día fui y habían cambiado de psicóloga, nunca más volví)⁣

Mis pensamientos recurrentes eran (son):⁣
Y si un ladrón a casa⁣?
Y si hay un terremoto ahorita?
Y si hay algo paranormal cerca⁣?
Y si muero ahora mismo⁣?
Y si tengo una enfermedad terrible?⁣
Y si me pasa algo terrible si salgo de casa?.

Con el tiempo, mucho apoyo de mi familia, muchos libros y mucho autoanálisis creo haber logrado cierto dominio sobre esto.⁣

Ahora identifico el ataque de pánico desde sus primeros minutos, me ayudo de diversas técnicas aprendidas y logro salir algunas veces con mayor facilidad que otras.⁣

Entiendo que no es algo que se cure del todo, sino que puede aparecer en cualquier momento amenazante (real o imaginario) a lo largo de nuestra vida.⁣

Jodido no? Pero pues gracias a eso me conozco mejor, y soy capaz de empatizar y comprender a alguien que pasa por esto mismo, sin minimizar su dolor; porque el dolor y el miedo son reales, aunque sus causas no lo sean.

A ella, a mi mamá.

A ella que en sus 40’s tuvo el valor de traer un bebé al mundo, aunque andaba llorando por las calles por miedo a que saliera con retraso mental.

A ella que aliviaba mis fiebres en aquellas noches de interminable dolor.

A ella que hacía malabares para que coma, contándome mil cuentos, cantándome mil canciones que a veces inventaba por no recordar la letra.

A ella que me prestaba sus collares y su maquillaje para que yo imaginase que era tan guapa como ella.

A ella que me defendió con coraje aquella vez que una señora me gritó por mandarle una carta de amor a su sobrino.

A ella que me esperaba en el paradero muerta del frío a las 11 de la noche con un palo de madera en las manos y con mi perro pequinés detrás de las piernas, a que yo llegara de trabajar.

A ella que luchando con su paranoia me dejaba salir por las noches cuando salía de parranda aunque tuviera que esperar despierta hasta la madrugada a que por fin llegase y -Gracias Dios mío – pueda dormir tranquila.

A ella que hacía interminables colas en el hospital por sacar una cita para tratar mis tantos males de juventud: nervios, corazón, alergias,y -Ay qué hija tan falladita me tocó- decías en broma.

A ella que sufría en silencio cuando me revelaba por no querer ir a misa con ella y cuando en vez de eso me quedaba escuchando mi “música del diablo” a todo volumen.

A ella que no le gusta cocinar, pero que por amor lo hace y riquísimo.

A ella que tantas veces se quedó callada cuando le grité y exploté sin razon.

A ella que se daba la molestia de prepararme comida sin grasa cuando le decía que me sentía gorda.

A ella quien hoy, a mis más de 30 años, me prepara el jugo cada mañana, -ajá sí mami, naranja con papaya-.

A ella que junto con mi padre me dieron la oportunidad de vivir en un hogar lleno de amor, gracias a eso siempre vi mi casa como aquel lugar en el que encuentro paz y tranquilidad, y sé que no muchos tienen esa suerte.
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A ella, las eternas gracias, mamá.
✨Texto escrito en mayo de 2008, reescrito en 2020.

Tiempos

Son tiempos reveladores
Son tiempos difíciles
Son tiempos inmanejables
Son tiempos desequilibrantes

Tiempos locos
Tiempos crueles
Tiempos que nos obligan a parar
Que nos conocen mejor que nosotros mismos.

Es decir,
Tiempos sabios
Tiempos sagrados

Y aunque no parezcan los mejores tiempos
Son los tiempos que necesitábamos
Aunque no sean los más felices (ni mucho menos)
Son los tiempos que nos harán crecer.

Yo odiaba mi rostro

Hubo un tiempo en que no me gustaba yo misma, no me gustaba en lo absoluto, me miraba al espejo y odiaba lo que veía.

Odiaba mi cuerpo por no tener un abdomen perfecto, odiaba mi rostro por tener marcas de acné, odiaba la mancha que tengo en el rostro, odiaba no poder verme bronceada porque mi piel es sensible al sol.

Cubría todas estas “imperfecciones” con fajas, muchísimo maquillaje, muchas cremas para tener el cabello perfecto, y así.

No me aparecía en alguna reunión familiar o a trabajar sin maquillarme, sin echar a andar toda mi rutina de perfección.

Yo no me divertía maquillándome como otras personas lo hacen, yo renegaba de mi rostro imperfecto mientras me transformaba.

Alguna vez aparecí en mi trabajo sin maquillarme por falta de tiempo y me preguntaron si estaba enferma, senti muchísima verguenza de que me vieran así.

Cuando cambié de trabajo, decidida, me presenté sin maquillaje, al ser “la nueva” nadie se sorprendió, fue un alivio, un respiro para mi alma.

Poco a poco dejé de usar maquillaje, ahora solo tengo un lápiz de cejas que no uso hace como medio año.

Este cambio por supuesto vino acompañado de terapia psicológica que comencé a tomar por otros motivos.

Comencé a amarme a mí misma, a querer mi cuerpo como era, a mirarme en el espejo recién levantada y sentir que esa era yo, y que yo me amaba.

Hoy ya no me da miedo cortarme el cabello, no me da verguenza mostrar mi rostro real, tomarme fotos en las que no me veo “perfecta” a mi parecer, ya tampoco me avergüenza no tener pechos “tan grandes” como quería de adolescente. Al mismo tiempo q dejé el maquillaje dejé también los push-up.

Hoy me siento más cómoda conmigo misma, tan cómoda que ya no juzgo a otras personas por maquillarse o por no hacerlo, porque cada uno es libre de adornar o no adornar su rostro (y su cuerpo) como mejor le parezca, y a mí, dejar el maquillaje (y el push up), me ha hecho feliz.

Hoy agradezco el cuerpo que Dios me dio, y lo cuido lo mejor que puedo, y ese cuidar implica darle amor y no castigos.

No existen personas que “necesiten” maquillaje, existen personas que quieren maquillarse, y otras que no.

Las veces que la vida me hizo parar

Me agrada este tiempo y espacio que la cuarentena me ha regalado, me agrada la tranquilidad y estar lejos del bullicio, me agrada tener a mi familia y mascotas cerca.

He tenido varios de estos pares en mi vida; siempre he vivido corriendo, haciendo mil cosas a la vez (y no siempre todas bien) y cada cierto tiempo he tenido pares abruptos que me han hecho sentir al inicio perdida, asustada y fracasada, ya sea por despidos laborales, fracasos académicos, rupturas amorosas, pérdidas de seres queridos, y como figurita adicional al álbum; una pandemia.

Sin embargo a pesar de que cada una de estas situaciones me ha hecho sentir mal al inicio, luego me han acercado un poco más a mi yo real (y a Dios, para ser sincera)

Hubo un tiempo en el que sin trabajo y con mucho tiempo libre, luego de mi etapa de miedo y desgano, levanté cabeza y me metí a estudiar diseño de interiores, repostería, en casa hacía manualidades reciclando, cosía y escribía con más constancia que ahora.
Todas estas formas artísticas me ayudaban a expresarme, a canalizar mi energía correctamente aunque seguía teniendo el vacío grande en mi interior respecto a mi propósito o gran sueño en la vida, no frustración por no poder cumplirlos, sino por no conocerlos porque yo misma no me conocía lo suficiente como para saberlo.

Ir a la iglesia también es algo que durante algún tiempo llenaba mi alma, ayudar a los demás, enseñar y conectarme con Dios son tres cosas que la labor de catequista llenaba por completo.
Luego algunas doctrinas comenzaron a chocar con mi yo real, con mis valores, con mi libertad e incluso con mi manera de ver a Dios.

No volvería a ser catequista, pero amo mucho esta época en que crecí muchísimo espiritualmente, me alegra haber pasado por esa etapa y creo en lo profundo que Dios quiso esto para mí durante ese periodo, que era parte de mi aprendizaje.

En lo que va de mi vida algunos aprendizajes los he obtenido con muchísimo gozo como este, y otros me han costado muchas lágrimas también.

Y de todos, me siento profundamente agradecida 🙏🏻✨

Mi adolescencia, los 2000’s

Hace poco estuve organizando mi música en spotify, sí que tengo música variada.

Dentro de las tantas playlist en que he decidido organizar mi música, hay una que se llama “2000” por el año; al principio comencé con canciones que me gustaban en esos tiempos (hace casi 20 años; me acabo de dar cuenta), y terminé por incluir canciones que odiaba en ese tiempo (como las de Avril Lavigne) pero que sin embargo también marcaron un tiempo hermoso que fue mi adolescencia, aquel tiempo en que mis emociones eran como grandes olas de mar, de esas que nos suelen hacer entrar en pánico en nuestros sueños, alguna vez soñaste con el mar?, que el mar te tapaba con olas inmensas y sentías que era el fin del mundo? yo he tenido ese sueño muchísimas veces; así eran mis emociones en la adolescencia.

Ese tiempo en el que me burlaba del yoga y la meditación (Eso que ahora me saca de mis crisis nerviosas), lo intenté un par de veces pero no podía parar de reír, ese tiempo en el que me agradaban los colores y los sonidos fuertes, maquillarme mucho, tener las uñas largas y pintadas de negro, morado o azul oscuro, usar mucho perfume, cremas de todos los aromas, comida chatarra, selfies (de esas que se hacían con webcam, claro) que inundaban mi perfil en Hi5 (Ese que al inicio lanzaron en inglés y uno no entendía nada de la info que estaba llenando, como donde decía “favourite quote” y uno ponía “en la playa en una cena romántica). Cuando eran fan de MTV (Aquel MTV…), y las licorerías vendían sin pedirte DNI.

Ese tiempo en el que me juntaba con mis dos primas los domingos (Bautizamos las reuniones como Domingo de primas) para contarnos nuestros desamores (sí, siempre eran desamores), y para hacernos fotos extrañas como aquella en la que posamos sosteniendo un machete con el que mi abuelo mataba chanchos para las fiestas patronales en Cajamarca.

Miro atrás y es como ver a otra persona, siempre enojada, siempre metida en interminables conflictos, tratando de equilibrar mis desórdenes cardíacos con pastillas: carvedilol (que hoy no necesito de ninguna manera). Y a pesar de todo eso, fue un tiempo hermoso.

Volviendo a la Playlist, creo que dejará de llamarse “2000”, la llamaré “Mi Adolescencia, los 2000’s”.

Esta es la lista

Carta a mi ansiedad

Llevo años haciéndome la sorda respecto a mis emociones, años privilegiando a mi ansiedad, haciéndole caso cuando me dice que en la comida chatarra puede haber algo rico con lo que pueda premiarme ante cualquier situación que me esté molestando en la vida.

No pretendo que desaparezcas, ansiedad, tan solo quiero convivir en paz contigo. Reconocerte cuando aparezcas, abrazarte, invitarte a estar aquí conmigo, escucharte y no necesariamente seguir tus consejos, pero sí recibirte como una invitada no entrañable pero que sí necesita mucho ser escuchada y bien tratada.

Ya no pienso hacerte caso para luego echarte la culpa de todo. Tú seguirás cumpliendo tu labor y yo el mío, ya no te seguiré dando mis mejores momentos pero estaré siempre dispuesta a recibirte y escucharte, sé que te chocará mucho al inicio, pero es parte de mi proceso de curación.

No te angusties, es un ciclo que debo cerrar contigo, una disculpa que me debo a mí misma.

Propósito

Escribí esto un 24 de marzo de 2019 según indica un archivo que acabo de encontrar en una computadora que no abría hace mucho tiempo.

Buscarle un propósito a mi vida es una tarea nueva para mí, una necesidad que ha nacido hace relativamente poco tiempo. Mis paradigmas se están rompiendo, mi forma de ver las cosas está cambiando de manera muy rápida, siento como si el camino hacia la “gran luz” con la que soñamos todos, se hubiera acelerado. Tal vez pronto pueda dar respuesta a la pregunta: ¿Tú cómo te ves en diez años?

Los migrantes en mi vida

Hoy 18 de diciembre es el día internacional del migrante, a pesar de nunca haber tenido que migrar para sobrevivir, conozco muy de cerca lo que esto implica.

En primer lugar con mi familia, que no pertenecen a Lima; la capital del Perú. Tanto mi madre como padre nacieron en Cajamarca, una tierra rica en naturaleza, vacas, lácteos y gente alegre y bondadosa de más. Dejar su tierra para poder sobrevivir fue un proceso traumático, de cultivar su propia comida y vivir sin ajetreos y delincuencia a una Lima abrumadora, sucia, apurada, explotadora, excluyente, discriminatoria, delincuencial. Aún así aprendieron a quererla y a sobrevivir en ella aunque siempre añorando.

En segundo lugar, con la ola brutal de migración venezolana al Perú que inició aproximadamente en 2017. Mi novio y su familia en un Perú, una Lima que otra vez abruma, explota y discrimina. Dejar su tierra para-tal como mis padres- poder sobrevivir.

Que Lima no está preparada para tanta migración?, pues seguramente tampoco lo estaba hace 50 años y aquí estamos, cada vez más apretados, más abrumados, más apurados, más asustados y preocupados; sobreviviendo y buscando esa felicidad que tanto añoramos.

No tengo ninguna conclusión específica con este tema, solo me puse a pensar en las similitudes entre migrantes, sobre el sufrimiento que esto implica cuando sales porque no tienes otra alternativa( no porque estés probando una nueva vida o porque te quieres aventurar con algo nuevo), cuando las familias se deben separar, cuando extrañar y sufrir es ya cotidiano.

Hoy es el día del migrante, para los que nunca hemos tenido que pasar por esto, no nos caería mal comprender que bastante están sufriendo ya, fuera de sus tierras. Y aunque no podamos ayudar a todos, con lo que podamos estará bien.

Las manos de quien da (su tiempo, su cariño, su comprensión o lo que tenga de bueno que ofrecer) jamás estarán vacías.

Felicidad – 1

En los últimos 50 años (estudio en USA) el crecimiento económico se ha duplicado, pero las encuestas muestran que el nivel de felicidad se ha mantenido estancado.

“Cualquiera que diga que el dinero no compra la felicidad, debería hablar con alguien que vive debajo de un puente, pero el que diga que el dinero sí lo compra, debería hablar con Bill Gates”

Ninguna de estas dos cosas son realmente ciertas, cuando el dinero te saca del apuro de quedarte sin hogar o de no saber de dónde vendrá tu próxima comida; tu felicidad cambia de forma espectacular.

Pero una vez cubiertas tus necesidades básicas, más dinero no parece comprar más felicidad, por el contrario, la adaptación hedónica es la que genera más y más infelicidad.

Documental HAPPY – vía Netflix

La Sequía

Hace 60 años, hubo un tiempo que ella podría llamar, el más difícil de su niñez.

Había ido con su padre y sis nueve hermanos a un lugar lejano llamado “El Potrero” donde cosechaban trigo en faenas de más de doce horas sin descanso más que para comer un poco del trigo que iban cosechando.

El trigo sancochado era su único alimento durante ese mes, y mientras saboreaba; soñaba con manjares que solo había visto en anuncios en sus breves paseos por el pueblo, soñaba con poder saborear distintos alimentos y luego poder irse a la cama abrigada y mirar la lluvia desde la ventana.

Durante ese mes recogían agua de las lluvias para beber, cocinar y asearse en ese lugar al que solo se podía llegar en 1 día a caballo o 2 días caminando, y usualmente iban caminando.

Era el segundo día en el potrero y no llovía, su padre rezaba cada noche con una fe y concentración que ella no había visto ni en los más devotos de la misa de domingo. Su padre era muy religioso, les enseñó a orar así como su abuelo, biblia en mano, les contaba los castigos del infierno si cometían algún pecado.

Que llueva mañana, Señor, para que mis hijitos tengan que comer, no dejes que la muerte se lleve a ninguno de mis ellos esta noche, susurraba tratando de que no lo escuchen, pero todos lo escuchaban, y oraban con él en silencio. ¿Todas las personas en el mundo pasarán por esto? se preguntaba ella, ¿Habrá alguien acaso que no tenga que venir a cosechar trigo nunca?

Era el tercer día, y no llovía, ya no tenían agua.

No vayan a llorar hijitos, que necesitan el agua de sus lágrimas.

Hacía un frío infernal y no tenían zapatos, entrelazaban sus pies entre ellos para poder abrigarse por las noches, dormían sobre la piel de unas ovejas a las que en algún tiempo abrazaron y amaron como mascotas.

Eran diez hermanos hambrientos y sedientos, preguntándose si podrían sobrevivir a tal sequía.

Llegó la madrugada del cuarto día y comenzó a llover, se levantaron veloces a recoger el agua que caía helada sobre sus cabezas, el agua adormecía sus músculos y el frío les quemaba los pies. Pero eran felices, porque Dios, había enviado agua, había enviado vida.

Hoy, en la comodidad de su casa, mientras disfruta de una buena comida, un buen vino y unas pantuflas acariciando sus pies; cuando ve la lluvia caer detrás de su ventana; recuerda aquella sequía y sonríe con nostalgia.

Porque Dios sigue siendo bueno, porque la lluvia es para todos.

Microcuento inspirado en una anécdota de mi madre, Celendín , Cajamarca, Perú.

El cráneo de mamá

Era una mujer un tanto tenebrosa, guardaba el cráneo de su madre dentro de una caja de vidrio que colocaba sobre su ropero. Le había puesto un lazo negro con puntitos blancos.

Es mi mamita, no quise que fuera al crematorio, mejor la guardo aquí, me dijo una vez, con una voz tan natural como quien guarda estampitas en un cajón.

¿Cómo puede alguien dormir con el cráneo de su madre ahí, sobre el ropero?

¿Cómo llegó a tener ese cráneo así?

Soñé

Anoche soñé contigo, te vi en medio de una multitud irradiando una luz amarilla, había olvidado tu cabello negro, tu mirada triste, la forma tierna en que humedeces tus labios cada 5 segundos mientras hablas de cosas que te apasionan y tu lunar en la mano izquierda.

Hubo arte en ese sueño, pude tocar tu cabello, acariciarlo y olerlo mientras jugaba con él. Sabes que los olores me mueven, me gustaba tu olor, olías a inteligencia.

2017

Mi amigo, el que canta

Cuando tenías 5 años, cada noche, desde la lavandería de mi casa, escuchaba a un hombre cantar, cantaba con el alma y sin música de fondo.

Un día le pregunté a mi madre: -¿Quién es ese hombre que canta? , y ella me dijo : Es nuestro amigo.

Desde ese día y por un largo tiempo yo pensé que se les decía amigos a las personas que cantaban de noche cuando llegaban a sus casas.

Lo esperaba cada noche desde mi lavandería para escucharlo y acompañarlo con voz bajita.

Nunca vi su rostro, solo su silueta, y él nunca supo que yo lo esperaba cada noche desde mi lavandería.

La bisagra

Me enorgullece saber que llegué a tocar, por un instante, con la punta de los dedos tu resguardado corazón.

Y aunque no me pude quedar con él, llegar hasta ahí enriqueció enormemente mi vida, me forzó a entrar en el caos de mí misma para poder defender mi alegría escondida y adormecida.

Tu corazón, me devolvió a la vida y yo siempre le estaré agradecida por eso, aunque -tristemente- no me pude quedar con él.

Como dijo Marwan: Hay hombres y mujeres bisagra...

Me voy curando poco a poco

Hay cosas que no son fáciles de contar, pero que si no las sacas, se te quedan atascadas en la garganta.

Es difícil explicar lo que ya no está cuando me felicitan o me preguntan cómo va.

No reniego de las decisiones de Dios, entiendo que todo se mueve bajo un propósito, que hay experiencias que necesitaba vivir, pero fue una experiencia muy traumática y dolorosa para ser sincera, y aunque agradezco haberla vivido; hay una pequeña luz que se me apagó y estoy buscando bajo todos los medios el volver a encenderla.

Entiendo también, que me tengo que tener paciencia, me sorprenden ataques de llanto por sentimientos que siempre evito tener como ira, envidia o frustración. Pero cada vez son menos y al igual que de mi adolorido vientre, me voy curando poco a poco.

Oposición vs apoyo

Estoy leyendo un libro de espiritualidad y entre sus tantas recomendaciones hay una en la que propone hacer una lista de todo a lo que nos oponemos y luego escribir al lado de cada ítem, lo que apoyamos.

Por ejemplo si nos oponemos u odiamos el hambre en el mundo, pensemos en vez de eso, en apoyar las causas para dar alimento a los que tienen hambre. Así enfocamos nuestra energía en lo que queremos y no nos debilitamos luchando contra lo que odiamos.

Hice mi propia lista y así obtuve esta lista de cosas que apoyo:

1. Apoyo la ayuda y el trato amable a los más débiles (Niños, ancianos, enfermos, animales, etc)

2. Apoyo la correcta alimentación

3. Apoyo el uso justo de los recursos, así como las soluciones y acciones a favor del medio ambiente.

4. Apoyo el amor que promueve cada religión/creencia/fe.

5. Apoyo el minimalismo y la vida lenta y consciente.

6. Apoyo las buenas noticias.

7. Apoyo el feminismo.

Es curioso, no me había dado cuenta de las cosas que apoyo hasta que hice la lista de las cosas que odio o estoy en contra.

Pasan los días

Hace cuatro años que me he preguntado, como reaccionaré el día que te vayas, me imaginaba recibiendo la noticia en casa, en el trabajo, en la calle, de mil formas, en mi imaginación siempre reaccionaba llorando descontrolada.

Sin embargo hoy recibí la noticia, y lo único que hay en mí es una sensación de vacío, inmenso vacío.

No he podido soltar ni una sola lágrima por ti, y tal vez entiendas mejor que yo qué es lo que me está pasando.

Ahora estoy sentada viendo gente entrar y salir, llorar y reír, con intenciones de saludarme y consolarme tal vez, pero yo solo miro para otro lado o me voy a la cocina a mirar el caño y así evito que se acerquen, me toquen, abracen, o me hablen. Me enfurecen todos, pero tampoco puedo expresar mi ira, solo el vacío.

No asistiré mañana a tu último día, no deseo hacerlo, no quiero más llantos ni lamentos, mi mente se niega a aceptar que no estás y siento ira cuando veo a la gente llorar mientras yo no puedo hacerlo.

Sé que tú me entenderás y eso me basta.

Han pasado algunos días

No siento remordimiento de nada, creo que ni siquiera te extraño porque siento que sigues aquí, siento que estás a mi lado pasando tu mano sobre mi cabeza, con esa risa de niña ingenua que te caracterizaba. Sabes que paso por momentos muy difíciles y sé que te das el tiempo para estar conmigo, yo te siento, pero no digo nada para que los demás no sientan miedo. ¿Por qué te tendrían miedo? Solo has cambiado tu cuerpo físico por este frío que me congela las orejas y los pies, y entonces sé que has llegado a acompañarme por un rato.

Los tulipanes siempre me van a recordar a ti.

Cuando caí en las redes sociales

¿En qué momento nos creamos (o nos dejamos crear) necesidades que realmente no lo son?.

Necesidades como tener que revisar una red social a cada momento libre (o no tan libre), y demostrar que nuestras vidas son tan interesantes que tenemos que reportar cada paso ante el mundo mediante estas redes. Necesidad de llenarnos de cosas que realmente no necesitamos y a veces ni usamos ya que las compramos solo por seguir un impulso irracional, por querer ser como el del spot, o por no quedar mal con un vendedor o con algún acompañante al momento de la compra.

¿Qué necesidad tenemos de demostrar cómo somos y cómo vivimos a todo el mundo todo el tiempo? ¿Acaso los ayuda esto en algo?, ¿Acaso nos hace felices realmente o solo nos genera una alegría efímera seguida por mucha ansiedad y frustración por el qué dirán, y el compararse todo el tiempo con quien publicó una foto de su cuerpo más bonito, un viaje a un lugar más lejano, hijos con más medallas, perros con mejores ropas, mejores y más exóticas comidas y restaurantes?, por otro lado ¿Acaso nos hace sentir mejor el criticar a los que a nuestro criterio, tienen un mal cuerpo, mal vestir, o mal gusto?

Las personas tenemos la libertad de vivir como queramos, utilizar las redes sociales con la frecuencia que queramos y comprar cuántas cosas podamos, pero mi reflexión es, ¿Estamos utilizando esta libertad acaso para encerrarnos nosotros mismos en una jaula con un smartphone en mano y hacernos infelices y ansiosos?.

Llevo varios meses en el viaje de no dejar que las redes sociales me alejen de mi centro, de mi enfoque, de mí misma. No es una tarea fácil aunque lo pareciera,desinstalé y volví a instalar muchas veces las aplicaciones en mi celular y tablet, nunca pensé que podría llegar a ser adicta a algo, pero el no fumar, no ser alcohólica o no drogarme, no me dejó libre de caer en un vicio.

Desde que comencé a soltar las redes, cayendo varias veces en la procrastinación cuando regresaba un poco a ellas, he notado mejores mis estados de ánimo, he podido comenzar a enfocarme en lo que es realmente importante en mi vida, a reconectar conmigo misma.

No pienso cerrar mis cuentas o dejar de utilizarlas, tampoco creo que sean malas o inútiles, pero lo cierto es que abusar de ellas hasta convertirlas en una necesidad, con el tiempo, fue muy perjudicial para mí.

La cajita con hueco

La primera vez que ella regresó al Perú; yo tenía 6 años; recuerdo que mamá y yo le compramos un ramo de rosas; mi corazón latía a mil mientras esperaba, por alguna razón no recuerdo el preciso momento en que llegó, lo único que recuerdo es que íbamos en el taxi, yo iba enrollada en su cuello sintiendo tu pecho tibio y los latidos de su corazón, ella y sus maletas tenían un olor increíblemente delicioso, la alegría que sentí esos minutos se quedó grabada en mis recuerdos, soñaba con no separarme nunca.

De pronto me dijo: Te he traído la cajita con hueco que tanto querías.

La cajita! grité emocionada. Le saqué el empaque y me quedé contemplándola, tenía la forma de una casa se abría por el techo y dentro estaba Minie Mouse dando vueltas eternas mientras se miraba al espejo.

“No tardes en volver”

Yo conocí Celendín cuando tenía 9 años; en aquellos tiempos aún no había electricidad ni ventanas en las casas; la tía de mi mamá siempre nos recibía con comida caliente y a veces yo la acompañaba a mudar sus vacas mientras conversaba con su perro, recuerdo que tenía cerca de 70 años y corría mucho más rápido que yo, eso me dejaba siempre impresionada. Ella ahora tenía alzhéimer y no podía pararse de su cama a la que le habían adaptado barandas para convertirla en una inmensa cuna para que no se cayera en la noche. Me acerqué para acariciarle la cabeza y no pude evitar mojarle la cara con mis lágrimas mientras me miraba fijamente con una sonrisa de confusión, le dije quien era y por un segundo creo que pudo reconocerme, me dijo que estaba yo muy bonita y que me siente porque me podía cansar, le hice caso y nos seguimos mirando fijamente y sin hablar por una de las barandas de su cama, al irme me acerqué a besarla nuevamente y ya no me habló sin embargo sus ojos siguieron clavados en los míos hasta que abandoné su habitación, recorrí su casa vacía con casi todas las puertas cerradas, esa casa que alguna vez gozó de su alegría mientras nos preparaba comida, hacía bromas, ordeñaba sus vacas y hacía quesillo. Siempre con gente saliendo y entrando y niños jugando en el patio que ahora estaba vacío y con el pasto crecido por falta de pisadas. Recuerdo dos veces anteriores a esta visita, la encontré amasando pan y me invitó a amasar con ella, me preguntó cómo me sentía otra vez en el campo, le dije que espléndidamente, que en el campo se me iban todas mis enfermedades y mis penas. Es que esta es tu tierra, sentenció. La siguiente vez que fui a verla, estaba tan apurada por el poco tiempo que había ido que no pude aceptarle nada para comer, la encontré ya sola caminando lentamente por su casa, le dije que se me había hecho de noche y al día siguiente tenía que salir para Lima, tenía su sombrero puesto y una chompita que le dejaba el pecho descubierto y pensé que tendría frío, me abrazó fuerte y me dijo “A ver si me encuentras la próxima vez, no tardes en volver”.

No tardé en volver-ya hace un tiempo siento el llamado desesperado de mi casita de campo pidiendo que la arregle para hacerla habitable- sin embargo supe que ya no podrías reconocerme, que ya no podríamos ni siquiera mirarnos fijamente como la última vez y no quise verte así, tan lejos de ti misma y de lo que siempre fuiste, mi querida tía Dora, fuiste la abuelita materna que yo nunca tuve.

Tutti, Tutti Frutti.

Tutti Frutti llegó a nuestras vidas cuando yo tenía 6 años, una noche; casi a las 7pm mientras yo trataba de contener la emoción de su llegada y al mismo tiempo me preparaba emocionalmente para el rechazo de mi hermana a quién no le gustaban los perros, tocaron el timbre y yo salí corriendo a recibirla, era tan pequeña que habría cabido en una taza, tenía el pelaje negro y ondulado, toda ella era suave y olía a leche, ese olor siempre me ha llevado al cielo, creo que no era de alguna raza en especial, tal vez fuera schitzú o pekinés mezclado, me saqué la chompa y la envolví hasta llegar a mi habitación, esa primera mirada suya será algo que recordaré toda la vida. Tutti estaba en una canasta aún envuelta en mi chompa cuando llegó mi hermana, supongo que tenía tanto amor en su mirada que ella no pudo resistir, la tomó en sus brazos (debo aclarar que hasta ese momento la cachorra no tenía nombre) y dando saltos le dijo “Te llamarás Tutti, no, mejor, Tutti Frutti“, yo, que había estado paralizada en un rincón de la habitación salté de alegría al ver que Tutti había conquistado lo inconquistable. La tomé entre mis brazos y la besé en la nariz húmeda y tibia.

-Tutti yo te voy a cuidar, le dije, en adelante yo seré tu mamá.

Un día mi madre iba a comprar a la tienda de la esquina y yo le pregunté si Tutti y yo podríamos acompañarla.

Claro! me dijo, pero suéltala para que camine sola, ella te va a seguir, así son los perros.

Yo la solté, ella no tenía correa y del otro lado de la calle unos vecinos la reconocieron y la llamaron. Tutti, tú no entendías, no me seguiste y cruzaste corriendo, feliz con tu cola revoloteando, yo me desesperé, te quería cerca para poder cuidarte pero no tenía permitido cruzar la pista y te llamé para que regreses, me hiciste caso, claro, eras mi perro, y eso hacen los perros, seguir la voz de sus amos, tú no entendías, yo tuve la culpa. Un carro rojo pasó a toda velocidad destrozando la mitad de tu pequeño cuerpo, yo grité sintiendo que mi mundo se venía abajo y que todo era mi culpa. Seguí gritando tu nombre sin ser capaz de correr hacia ti, recuerdo los golpes secos en mi garganta de tanto gritar. Me lanzaste una mirada de dolor como jamás he vuelto a ver, diste dos pasos con tus patitas delanteras, cerraste los ojos y caíste.

Todo esto lo recuerdo en imágenes sin sonido, supongo que mi mente eliminó todo ruido por ser aterrador. Tu no entendiste, tú debías seguirme, tú eras mi perro. Me sentí el ser más miserable del mundo por no haberte cuidado, por no haberte protegido. Me llevaron a casa, nunca recogimos ni enterramos tu pequeño cuerpo, ¿Cómo pudimos dejarte ahí? Llegué a casa donde habían llegado algunas visitas, sentía el alma rota y la cabeza a punto de estallar y la única y desgraciada frase que recibí al llegar fue “Tranquila ya no llores, es solo un perro, luego seguro vas a tener otro”.

No, tú no eras solo un perro Tutti, tú eras mi perro, y yo no te cuidé. Tenía solo 6 años, era una niña, no tuve la culpa, esas cosas pasan, lo sé.

Pero eso tú no lo sabías Tutti, mi Tutti Frutti, mi perro.

Una propuesta

Te propongo juntar tus noches con las mías

volver a dormir juntos

que no nos falten los abrazos de medianoche

los besos ni las sonrisas cada mañana

y cada noche

volvamos a hacer planes juntos

a comer sin mirar el tiempo

a querernos sin miedo y sin medida

a reír o a llorar tomados de la mano

según se nos venga la vida

 

Pero claro

todo esto

es solo una propuesta

una solicitud a la espera

de ti.

 

 

Madrugada

Diciembre 2018

5:05am

Amo el olor de tu piel en las madrugadas

La forma en que respiras

Como te vas apoderando poco a poco de mis almohadas.

Cuando te quejas o te ríes soñando

Cuando acaricias mi cabello inconscientemente

Entonces no resisto el olor de tu cuello

Mi rostro es atraído como un imán

Buenos días, lo siento, no quise despertarte

Pero en verdad sí quise.

Algo que nunca sentía

Hay algo en cámara lenta y el resto de prisa, puedo sentir en el pecho algo que nunca sentía, ¿cómo lo explico de una manera sencilla? – dice una canción

A mí no me gusta el fútbol, ni jugarlo ni verlo, siempre me pareció una forma absurda de perder el tiempo, el pensamiento del hincha era tan descabellado como el de cualquier loco de manicomio.

No diré que de un momento a otro me comenzó a gustar el fútbol, que de un día para otro me volví hincha, no.  Sigo sin entender muchísimas cosas referentes al fútbol que apasionan a la gente.

Sin embargo debo reconocer que no pude evitar emocionarme, sentir ese dolor en el estómago propio de una ansiedad descontrolada en estos tres partidos de Perú en el Mundial.

Desde niña asocié el fútbol con tardes familiares arruinadas por los hinchas que al estar pegados al tv ya no conversaban con nadie, el fondo de un partido de fútbol me ponía de mal humor siempre, crecí sin tener la más mínima esperanza de que Perú ganara un solo partido contra nadie. Sin embargo hoy vi los dos primeros goles de la selección de Perú en un mundial (no grité ni dije nada, es que no tengo experiencia con este tipo de emociones y me quedé mirando fijamente la pantalla sintiendo una emoción que no podía demostrar), sé que ya está fuera, pero eso no quita que por primera vez en mi vida me haya sentido orgullosa de la selección de mi país.

Para mí el mundial ya terminó, me da exactamente igual si gana uno u otro país, los partidos de fútbol han vuelto a ser molestos para mí. Hasta dentro de 4 años, en que espero volver a sentir emoción y espero seguir orgullosa de mi selección.

Aquí la imagen que más me conmovió.

Voz interior

Ayer me levanté con una pereza monumental, magna, colosal, o sea grande pues.
Correr? ni a balas!(bueno, talvez a balas sí), “menos mal que quedó comida de ayer y no tengo que cocinar hoy”-pensé.
Al planchar la blusa para ir a trabajar sentía que se me iba toda la energía, preparo desayuno? ni a balas otra vez!, me bañé sintiendo con rabia el agua fría recorrer mi cuerpo, antes de vestirme, ante el espejo me vi fea, como un pollo mojado, ropa? lo primero que encuentre. Salí a trabajar.
Trabajar por 8 horas fue una odisea, cuerpo adormecido, dolor de cabeza imparable(raro en mí) desde las 11am, náuseas, sensación de cámara lenta.
5:30pm, estoy lista, me largo.
Camino a casa aumenta mi malestar, dolor de cabeza tan fuerte que mis ojos parecen querer estallar.
Me siento al borde de la cama a pensar qué es lo que me está agobiando tanto, qué estoy haciendo o he dejado de hacer para sentirme tan miserable. Obtengo una respuesta de mi voz interior casi de imnediato:
-Llevas tiempo sin salir a correr.
-Llevas tiempo sin leer.
-Llevas tiempo sin escribir.
-Llevas tiempo sin conversar con tus plantas.
En conclusión llevas tiempo viviendo sin los hábitos que llenan tu vida y ya estoy harta,dijo.
Cuando tu cuerpo se enferma sin razón aparente es porque tu voz interior te está gritando que necesitas cambiar algo, que así no vas a funcionar.
En cuanto la escuché desempolvé el libro de Isabel Allende que dejé casi a la mitad y hoy he corrido hasta que mi zapatilla se despegó.
Mi voz interior se ha vuelto muy reclamona, no se quiere resignar; y creo que eso es bueno, muy bueno.

Mi 2017 (abriendo un poquito el alma)

Cada diciembre añoramos que el año acabe de una buena vez para sentir que volvemos a empezar; que hacemos borrón y cuenta nueva, que ahora sí, que este año que viene será nuestro año. No siempre lo es, no siempre los deseos se cumplen, no siempre nos va mejor, sin embargo a veces recibimos mucho más de lo que pedimos, muchas veces recibimos exactamente lo que necesitamos.

Mi 2017 fue brutal, minutos antes de que comience no recuerdo haber deseado nada en especial, recuerdo que pensaba que ya lo tenía todo, que cualquier incomodidad o sentimiento negativo era parte de mi imaginación, que no tenía por qué sentirme así pues nada me faltaba. Es triste reconocer -casi un año después- todo lo que me faltaba.

En mi 2017 llegué a pensar que vivir no valía la pena (fue la primera vez en mi vida que sentí algo así). El castillo que construí durante años ladrillo a ladrillo y decoré hasta hacerlo brillar  se me derrumbaba encima gritando de dolor y me dejaba sepultada sin fuerzas para continuar.

Mi 2017 ha sido un año de muchísimo dolor pero también de mucha esperanza y aprendizaje. Aprendí entre tantas cosas a valerme por mí misma, a valorarme, a respetarme y (como dice mi psicóloga) a no resignarme nunca más. Qué importante es saber (luego de dudar, como siempre) que Dios no nos abandona jamás, aunque le hayamos fallado y nos sintamos muy avergonzados por ello.

Mi 2017 cambió mi manera de pensar, me quitó dolorosamente y de raíz mis ganas de juzgar a los demás. Muchas de las cosas que criticaba las tuve que vivir en carne propia. De hecho aún estoy tratando de asimilar mi nueva vida, una vida sin las personas que dejé con infinita pena pero también con nuevas y maravillosas personas que entraron para formar parte de mi presente.

No, mi 2017 no fue fácil, pero ha sido justo y necesario.

El yo interior; el real; es indomable.

1 año y un día

Siempre te admiré por preferir tu fresca locura a la aburrida cordura del resto, por tus ganas de vivir y de ser feliz. Tú realmente te abrazaste a la vida y la viviste a toda costa. Algunos habrán pensado que era un camino fácil, pero yo que lo intento todo el tiempo me doy cuenta lo difícil que es a veces poder disfrutar de todo lo que la vida nos trae y nos quita.

Siempre coincidíamos en las reuniones familiares y ya sabes que amábamos reírnos de todo y de todos. Pero hubo un día en que nos pusimos serios y decidimos quedar para preparar una cena. Fuimos hasta tu casa y te acompañamos al supermercado donde nos propusiste un juego: Ibas a sacarle el teléfono al menos a una joven y bonita anfitriona, nos reímos son incredulidad hasta que vimos a una hermosa joven dictándote un número mientras sonreía avergonzada; “¿Qué les dije?! ¿Qué les dije?!” nos repetías mientras estallabas de risa. Esa noche comimos pizza preparada en casa hasta quedar repletos.

Para devolver aquella gentileza de invitarnos a cenar, te invitamos a mi casa con la promesa de preparar mi especialidad de ese entonces: Tallarines con salsa roja y blanca. Hiciste un viaje desde el otro lado de Lima pero llegaste a tiempo y sonriente para cenar; esa noche hubo un concurso de chistes e historias absurdas entre mi padre y tú.

Quedamos en no perder la costumbre recién adquirida, pero nos distrajo la vida, como siempre. Hoy, luego de un año y un día desde que te fuiste; enciendo una vela con tu nombre y aún puedo recordar perfectamente el sonido de tu risa y tus bailes locos.

La muerte es una amiga disfrazada.

¿Vivir sin culpas?

En esta semana que termina he tenido muy presente el tema de la culpa, es decir, muy aparte del sentimiento de culpa por una u otra cosa que a todos nos embriaga siempre, me he detenido a analizar cómo esta se presenta, se introduce y se arraiga en nuestra vida cotidiana.

Uno puede hacer las cosas por culpa o por amor, pero ¿en realidad podríamos diferenciar día a día esto en nuestras vidas? Es decir, hasta qué punto estamos obrando porque en realidad queremos hacerlo y en qué punto lo hacemos solo por culpa.

Ahora, creo que es importante diferenciar en las cosas que uno hace por responsabilidad como ir a trabajar, sacar el perro al parque o pagar cuentas, de las cosas que sólo se hacen por culpa.

Creo que a lo largo de mi vida he hecho muchas, muchísimas cosas por culpa más que por amor, y hasta pude hacer una lista:

  1. Ir a algunos cumpleaños
  2. Ir a algunas misas
  3. Responder mensajes que no me importaban responder
  4. Responder llamadas de personas con las que no quería hablar
  5. Visitar a alguien
  6. Salir con alguien
  7. Comer algo que no quería porque todos lo querían comer
  8. Leer libros que debería leer según un criterio que no era mío

Sin embargo debo reconocer (y estoy satisfecha conmigo misma por ello) que hay cosas que no he permitido que la culpa me obligue a hacer, la he sentido, se ha apoderado de mí por varios días, pero no he cedido a hacer cosas sin amor, porque pienso que es preferible no hacerlas aunque la sociedad o tu entorno te critique por eso. Esta es la lista de algunas cosas a las que les he podido decir no:

  1. Hacer algunas visitas en hospitales
  2. Ir a algunos velorios
  3. Aceptar invitaciones que no me interesaban
  4. Quedarme en un lugar en el que ya no quería estar.

La culpa es y ha sido siempre como una sombra en mi vida, me es muy fácil sentirme culpable por todo lo que pasa o no pasa. Pero como cada punto débil de uno mismo, el primer paso es reconocerlo, analizarlo y luego tratarlo.

Espero poder escribir en algún post futuro, que la culpa ha sido reducida en un gran porcentaje de mi organismo %%%.

Noche

Se te hizo la noche
en una tarde fría
no supiste cómo
pero las estrellas
ya te estaban susurrando
que el sol ya no brilla.

Tuviste que soportar el frío
y a esa luna de hiel
sin tu abrigo de piel
cerrar los ojos con fuerza
e intentar brillar tú mismo.

Vivir y disfrutar a toda costa

Hoy que tengo relativamente (digo relativamente porque no se de dónde me salen tantos pendientes en casa) regular tiempo libre me puse a pensar en cuántas cosas hacemos las personas para poder vivir de acuerdo a lineamientos con los que posiblemente nosotros no estemos de acuerdo, sin embargo son los que se catalogan como “correctos”.
También me puse a pensar en aquellos valientes que desafían todo esto y deciden vivir y disfrutar de todo a toda costa.
Siempre son fuertemente criticados, yo confieso haberlos criticado miles de veces porque no encajaban en mi esquema mental.
Pero…¿quién puede realmente garantizarnos la felicidad si no somos nosotros mismos?
Hace algunas semanas falleció una persona que yo quise mucho, una muerte de esas que nos parecen absurdas pero que nos sientan de golpe y nos hacen pensar que efectivamente hoy estamos y mañana podemos ya no estar más, podemos tropezar con una pantufla, golpearnos la cabeza en la esquina de la mesa de la cocina y morir en el acto. Sí, eso puede pasarnos, me podría pasar a mí hoy- sin terminar de publicar esto – si ahora mismo voy por un vaso con agua porque ciertamente, tengo sed.
Pero volviendo al punto de la felicidad y del valor que hay que tener para luchar por ella; yo he decidido buscarla incansablemente. Hoy me considero una persona feliz, con muchos problemas de diferente índole, inseguridades, miedos, entre otros sentimientos realmente jodidos como la culpa (esto último es con lo que mi psicóloga tiene que lidiar todo el tiempo). Pero a pesar de todo, aunque me considere una persona feliz, creo que la felicidad nunca debe dejar de buscarse, aunque ya la tengas, síguela buscando, si la pierdes, síguela buscando, si te la arrebatan, en serio, síguela buscando porque nada va a valer más la pena en esta vida que arriesgarse a ser feliz.

El Turpial, la Guacamaya y el bosque

La Guacamaya daba su paseo habitual por el bosque sin esperar nada más que el viento desordenando su plumaje.
Pero el viento esta vez traía algo más, un ave hermosa como el sol que con sus alas extendidas la miró fijamente. La guacamaya sintió todo su ser erizarse y comenzar a temblar (¿de emoción?) hasta que el turpial quedó a milímetros de ella.
-Te he esperado toda mi vida, pensó.
-Pero ya estoy aquí, el tiempo de Dios es perfecto, respondió él.
-Yo no he dicho nada
-No hace falta
Volaron desde entonces por el mismo bosque que ella recorrió tantas veces y que junto a él se veía tan distinto, los árboles más verdes, la vida más amable.
Mi hermoso turpial, cuando abres tus alas para cubrirme entera siento que mi sangre se vuelve como un río enfurecido y neblina calmada a la vez, le decía la guacamaya.
Ese remolino que hago con mis alas frente a mí cuando intento describir lo que me haces sentir cuando me miras.
Te metiste en mi bosque sin querer, y quién iba a decirlo, ya lo hiciste tuyo.
No construyes nidos, dice la enciclopedia que cree saber mucho de ti, pero yo te he visto construyendo de ramita en ramita ese nido que armaste dentro de mí.
Dice la misma enciclopedia que somos de clima cálido y sin embargo te he visto disfrutar del frío tanto como yo.
Desafiaremos a las enciclopedias; aquí solo importa que eres mi turpial, y que te quedaste aquí, conmigo.

Ese hermoso 2005

Fue hace mucho tiempo, entré al aula y tomé el primer asiento, tenía 16 años y mucho miedo, nunca había estudiado con puras mujeres, en general no soy muy sociable y menos con mujeres.
Crucé mis brazos y me quedé con la mirada fija en la pizarra mientras el aula se iba llenando de féminas, todas alegres, todas habladoras, todas sociables; comenzaron a preguntarse sus nombres y a hablar como grandes amigas aun cuando era el primer encuentro de todas. Mis manos comenzaron a temblar, tal vez había sido una mala idea meterme a un mundo así, tan extraño para mí. Yo no sabía tratar con mujeres, menos con tantas a la vez.
-Hola, ¿Cómo te llamas?
(¿Me está hablando a mí? ¿la miro o sigo mirando la pizarra y hago como que no escuché?)
– Hooola
-Hola, Fiorella (Sonrisa incómoda)
– Fiorella! y cuántos años tienes? dónde vives? te gusta bailar? tienes enamorado?
Mi cerebro explotaba mientras yo intentaba responder a una pregunta tras otra sin poder evitar sentirme invadida y asustada.
Sin embargo 10 minutos después, como por arte de magia yo estaba hablando 10 palabras por segundo y ellas ya eran mis amigas.
Fue un año increíble, conocí lo hermoso que es pertenecer a un grupo de chicas (cosa que jamás tuve en ninguno de los 7 colegios por los que pasé), aprendí que cuando se quiere se puede hacer realidad el sueño de “la unión hace la fuerza” cuando en una sola tarde juntamos dinero haciendo una rifa de un labial Esika para completar un pago pendiente de una de nosotras y así pueda continuar estudiando. Por primera vez no me sentí tan distinta a las mujeres que tenía alrededor, aprendimos juntas a usar zapatos de tacón y minifalda, eso sí, fracasé en la clase de baile, me jalaron en un examen que consistía en: “mueve la pom-pom-pa” ,de repente podría darlo ahora, 12 años después ya casi me sale (es mentira).
Al terminar ese hermoso 2005 me decidí por la universidad y tuve que dejarlas. Pero debo decir, es necesario decir, hoy, Día de la Secretaria, y 12 años después, que siempre estarán en mi corazón.
Feliz día chicas, y feliz día para mí también!

¿Te acuerdas?

Yo siempre te voy a recordar así, riendo siempre, trabajando como una hormiguita en cada reunión, bromeando, ayudando.

¿Te acuerdas cuando me ayudaste a vestirme para mi primer pasacalle con el CCA? Usaste tu mejor táctica para cambiar las borlas que me habían dado porque “no eran lo suficientemente bonitas para mí”. Estuviste alentándome en cada una de las presentaciones, diciéndome “no pasa nada, salió genial” luego de mis “Me salió horrible, nunca voy a aprender“.

Siempre nos quedará pendiente esa reunión en tu casa que tantas veces planeamos por chat en la que mamina iba a preparar su legendario ají de pollo que me vuelve loca y yo iba a llevar un rico postre, ¿Te acuerdas? Desde que dejé el Cultural comenzamos a vernos muy poco, pero sabes que eras parte de mi familia.

Me ha costado más de 12 horas poder asimilar que esto está pasando, ¿te habrá pasado alguna vez? que te dan una noticia y te parece mentira, sigues riendo y haciendo tus cosas con normalidad, no pasa nada, y de pronto luego de muchas horas, en soledad, caes en cuenta de la realidad que estás pisando.

Yo siempre te voy a recordar así, riendo siempre.

El vampiro de Darío

Un vampiro es una cosa seria, le decía su abuelo siempre. Nunca te das cuenta cuando pueden estar tomando la sal y el aceite de tu alma porque eres distraído, te dejas absorber, siempre me has preocupado, sabes que en esta ciudad los vampiros existen, no como en los cuentos, no, los vampiros de esta ciudad son una especie real con características singulares, pronto te quedarás seco, vacío, sin más inspiración!

Darío me contaba,

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Mousse

Alimentar es algo que siempre me ha dado satisfacción, desde servirle la comida a mi perro, echarle agua a mis plantas, y claro; cocinar para la gente que amo, quiero o estimo.

Cocinar, hacer postres específicamente, siempre ha sido mi pasión, desde que voy a comprar los ingredientes voy imaginando cómo va a quedar, imagino las texturas, los aromas, y los sabores; pero sobre todo lo que mayor satisfacción me da es imaginar a las personas saboreando, siempre lo he sentido como magia.

Se me llena el corazón cuando me dicen que está delicioso, cuando veo que mis postres se terminan con una rapidez increíble, o cuando me dicen “¿tienes más?, ¿puedo comer otro?, ¿cuándo me preparas a mí?”.

Esta satisfacción de alimentar, es una forma de sentir la felicidad correr por mis venas, es una forma de expresar los mejores sentimientos que hay en mí.

 

Vidrio/jaula

“¿Entonces tú hiciste las cosas que considerabas correctas todo el tiempo, nunca te detuviste a pensar si te hacía feliz?”

No, creo que no.

Es difícil irse contra todo lo que has creído siempre en nombre de la propia felicidad, soportar las miradas de reojo de quienes ya no complaces más.

Libertad de sentir, de pensar, de actuar, de ser.

Dejar los prejuicios a un lado, aceptar tu verdadero yo, ese que decidiste un día tener de manos atadas y amordazado para que no actuara, para que no hablara, no pensara.

Enamorarte con el cerebro sin tomar en cuenta el corazón, enamorarte racionalmente, es acaso eso posible?, yo creo que sí. Es una receta segura para la infelicidad, pero de que funciona, funciona.

Un día decides gritar tan fuerte que haces estallar el vidrio, el ruido es tan fuerte que todos voltean a ver qué pasó, compadecen, desaprueban, algunos se asombran, otros no tanto.

Algunos fragmentos caen sobre los rostros de los más cercanos, y los corta, los hiere, claro que sí. Pero en ese vidrio/jaula ya no se podía respirar, ya no se podía vivir.

Todos vivirán su propio proceso a partir de este estallido, y lo único que me importa ahora, es que yo me encuentro bien.

Me dijo mi madre alguna vez : “Cada gato araña con sus uñas”

La búsqueda

Te busqué por mucho tiempo antes de encontrarte, siempre me ofrecieron ayuda pero me negué a aceptarla, siempre quise encontrarte por mis propios medios, hallarte camuflado con los de tu especie, en tu universo tan distinto al mío.
Sabes que el ejercicio de buscarte siempre ha sido placentero para mí, imaginar las formas en que podrías llamar mi atención, hacer que me de cuenta de cuánto nos necesitamos.
Mis ojos iban pasando mil colores y tipos de letras sin que saltaras, esperé en algún momento desesperado que gritaras diciéndome “aquí estoy, aquí estuve siempre!”, o que cayeras al suelo de improviso para que esta vez no me fuera sin ti.
Hoy fue ese gran día, mis ojos te vieron apoyado en el estante, con los ojos cerrados como orando y con las manos cruzadas, eras tú, eras mío, siempre lo fuiste.
Me acerco a la cajera:
Hola, me llevo este libro, pagaré con visa.

Traqueitis Aguda

Ciertamente hace unos 3 años que no me daba gripe, mis inviernos son de lo más lindos, nunca he sufrido de asma o algún tipo de complicación respiratoria, por eso jamás pensé que se pondría tan complicada la cosa ni que acabaría en la sala de emergencia de una clínica por una triste gripe. Pero así fue, y  me sentí la más ridícula mientras esperaba mi turno.
No sé cual es la dinámica, yo misma tenía que hacer la cola en caja? si me preguntan a qué vengo le tendré que decir que es una gripe? ¿por qué no tengo un brazo roto al menos?
Por qué motivo viene?
Gripe…mucho malestar.(ridícula, ridícula ridícula)
Ya con el doctor, y sintiéndome más ridícula aún, mi tos no me traicionó y comencé a parecer un camión malogrado intentando arrancar.
-Llévenla a nebulizar.
-Qué es eso? duele? demora? tiene agujas? porque no me gustan las agujas.
-Ah y una inyección antes.
-Eso sí me va a doler verdad?
-No mucho, respire profundo
Fiorella, la cobardía andante, comenzó a llorar.
Diagnóstico: Traqueitis Aguda – Descanso médico – medicinas por 5 días.
Espero no volver a verte por aquí gripe hasta en unos años.

Eucalipto

A mí no me gustan los árboles, me dijiste ayer.
No creo en eso de que te den oxígeno, que te den paz; pienso que sólo sirven para albergar pajarracos que te ensucian los hombros cuando pasas distraído.
Entonces te recostaste en un eucalipto.
El Eucalipto por ejemplo,-dije– es mi árbol favorito, es grande, fuerte y huele delicioso. Cuando era pequeña, allá, me llenaba los bolsillos de sus semillas y corría a casa para guardarlas junto con mis juguetes como si fueran monedas de oro y yo guardara un tesoro.
Me quedaste mirando a los ojos por unos segundos y entonces dijiste:
Haces que las tinieblas se vayan de mi alma, llenémonos los bolsillos de semillas ahora mismo.

Cactus

He estado desde ayer atendiendo mis plantas, tengo muchas variedades pero las plantas que más difíciles se me ponen son los cactus; amar un cactus no es fácil, bañarlos, trasplantarlos, no regarlos demasiado, uno termina con espinas incrustadas siempre, como ahora que tengo dolor en las manos y ando con la pinza en el bolsillo para ir sacándome las espinas que van apareciendo durante todo el día.
Insisto, amar un cactus no es fácil, sin embargo son muy agradecidos, cuando les das un poco de atención y cariño, se esfuerzan mucho y crecen, se recuperan siempre, puedes incluso arrancarlos y aún heridos seguir creciendo.

No, los cactus no son fáciles de amar, pero valen la pena, y yo los amo aunque me quede llena de espinas.

 
 

F+M

Mi alma se llena de recuerdos felices cuando escucho música de los 80’s y 90’s, cuando yo tenía entre 3 y 6 u 8 años lo más divertido del mundo era entrar en la habitación de mis hermanos, específicamente en la parte de mi hermano Marco. 

Siempre tenía juguetes que coleccionaba o cosas nuevas con las que podía jugar como sus zapatillas con luces, recuerdo que tenía que meter mis dos pies en una zapatilla para que pese lo suficiente y se encienda la luz, también recuerdo cuando de una caja de zapatos hizo una casita ( a la que se le abrian y cerraban puertas y ventanas si jalabas de un hilo) para mi muñequito de la pantera rosa.

Cuando hacía magia para mí, sacaba monedas de mi oreja y yo era feliz.

Cuando jugábamos a empujarnos las frentes (el juego de los toritos, me decía), siempre me dejaba ganar para que me sienta orgullosa de mi fuerza.

Cuando le prestaba un sol de mi cajita de ahorros para que se vaya a jugar fútbol y me traía dos soles en la noche porque siempre ganaba ( o eso me decía). Otra cosa que me encantaba (aunque fingía que renegaba) era cuando sobaba su barba áspera en mis mejillas.

Luego soliamos dormir “como las iguanitas” es decir yo en su pecho desparramada sobre él.

Él escuchaba siempre UB40, Vilma Palma, Pedro Suárez, The Cure, y Miguel Mateos mientras yo jugaba, y ahora cada vez que escucho una canción de esas siento que soy una niña otra vez.

Debimos haber pasado mil cosas lindas más, pero no llego a recordarlas todas juntas, creo que recuerdo cada una con una canción diferente.

De todas maneras, me encanta ir recordándolas a lo largo de mi vida, canciones como aquellas me ayudan a vivir.

Gracias hermanito por aquellos recuerdos con música de fondo que me hacen sentir como una niña feliz otra vez.

Blog Primero 30 setiembre de 2008

Me hubiera encantado conocerte

HASTA MAÑANA

La madre: ¿Qué es lo que pasa doctor?

Doctor: el resultado está dentro del sobre, señora.

La madre y Héctor miran el sobre, asustados, como si el gran monstruo capaz de destruir sus vidas estuviera dentro ( y lo estaba), no había de otra, tenían que abrirlo…CÁNCER.

La madre moja el sobre con sus lágrimas amargas, Héctor sonríe: nada malo va a pasarme mamá, no te preocupes.

Se dirigen a casa de la tía de Héctor, la madre necesita desahogarse, necesita consuelo. En la casa está la tía con su hija de 7 años.

Las hermanas se encierran en el baño, la niña se sienta al lado de Héctor:

-Hola, cómo estás?

-Hola, estoy bien mamita, ven siéntate, y le acarició el cabello, cómo vas en el colegio, bien?

-Sí bien, ¿Por qué mi mamá y tu mamá están llorando en el baño?, ¿Qué está pasando Héctor?

– No pasa nada mamita, no pasa nada.

La tía: yo los acompaño a su casa, dejaré a la niña con su padre.

Llegaron a la casa de Héctor, él se encierra en su habitación, las dos hermanas se miran sin mirarse buscando respuestas en los ojos de la otra.

Llega el padre a la casa: ¿Qué es lo que dijo el doctor?

La tía se le acerca, lo coge de la camisa con una mano y con la otra le da de cachetadas, no contó cuántas, no importaba.

Por tu culpa mi sobrino va a morirse, tiene cáncer! Por tu culpa, por aquel muñeco con alfileres que esa mujer, tu amante, dejó en el jardín que Héctor pateó, le amputarán la pierna, por tu culpa mi sobrino va a morirse, solo tiene 16 años y va a morirse.

Héctor escuchaba desde su habitación, y se puso a pensar: ¿Por qué mi padre hizo lo que hizo? ¿Por qué? ¿Por qué nunca me compro la bicicleta que tanto quería, si podía hacerlo?.

Cáncer, 12 quimioterapias dijo el doctor, y sanará.

Su tía iba a verlo casi todos los días a Héctor se le iba la vida y el padre le compró la bicicleta, Héctor no podía creerlo de tanta felicidad, pero a la madre le pareció una burla. Héctor dio una vuelta al parque y al regreso de la dio a su hermano: toma, me duele mucho la pierna, no creo que pueda volver a usarla.

Le amputaron la pierna al poco tiempo, Héctor sonreía a todo el mundo, parecía feliz, nadie podía creer cómo hacía para no desprenderse de su entusiasmo.

Un día su tía se quedó observándolo sin que él se diera cuenta; Héctor levantó la sábana, miró el espacio vacío de su pierna, comenzó a mover la cabeza de un lado a otro repitiendo: no, no, no por qué a mí? por qué? por qué?, su tía entró en la habitación, quería consolarlo y decirle que todo estaría bien, pero Héctor le mostró una sonrisa enorme: Entra tía! que tal?, hoy me he sentido mucho mejor!…la tía sonrió, no iba a poder consolarlo.

Quimioterapia 11, la tía entra a la casa y encuentra a Héctor feliz, más de lo normal:

-Tía dice el doctor que no necesito otra quimioterapia! que ya no es necesario ningún tratamiento, que voy a curarme! Puedes creerlo?

– ¿Qué? No puedo creerlo papito, hijoto lindo, vamos a desayunar! pide lo que quieras! nada podría hacerme más feliz ahora.

Entró la madre con la tristeza reflejada en el rostro, su hermana le dijo:

¿Por qué estás triste? Héctor va a curarse! me lo acaba de decir!

-Acompáñame a la cocina…Héctor no va a curarse, el cáncer está en su última etapa, no le queda más que un mes de vida.

Héctor comía con más ganas, quería curarse, quería estar fuerte para cuando le pusieran la pierna ortopédica y pueda volver a manejar bicicleta, entrar a la universidad y todo volviera a la normalidad.

Pero comenzó al poco tiempo a perder la vista

-Tía no veo bien, qué me está pasando? ¿No debería sentirme mejor?

-Es que estás anémico hijito, tienes que comer más. Y él comía con más ganas.

De pronto un día, luego de darle de comer, su tía le dijo que tenía que irse pero que volvería al día siguiente como siempre, ella estaba cruzando el umbral de la puerta cuando él gritó desesperadamente: TÍA!!! y ella volteó asustada

-¿Qué pasa hijito?

-Chau tía, chau

-Chau hijito, te veo mañana.

-Sí tía, mañana…

Héctor murió solo, en el hospital, un día en que mandó a sus padres a casa para que puedan descansar, tal vez él ya presentía que moriría ese día y como es de imaginarse por su personalidad, no quería causar más tristezas.

En tiempos difíciles en los que no se sabía casi nada del cáncer, tiempos en los que en el Perú había que aprender a convivir con el terrorismo, los toques de queda y las horas de hambre y desesperación.

Por aquellos tiempos no habían teléfonos en todas las casas, el hospital avisó a la vecina de la tía que estaba en otro hospital con su hijo enyesado en el brazo, volvió y recibió la noticia, no, no ¿Por qué justo hoy que no pude estar a su lado? se lanzó al piso sin importarle las miradas ajenas y comenzó a llorar, eran las 11pm cuando a las 12 había toque de queda, no importó, bandera blanca arriba del taxi y emprendió la marcha hacia el hospital, fue a buscar a los padres de Héctor que al mirarla adivinaron lo que quería decir en sus ojos, llegaron al hospital con sus rostros desencajados, lo vieron ahí tendido, no podían creerlo, él se había ido.

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Nunca pude conocerte Héctor, pero sé que de haber pasado, nos hubiésemos querido mucho.

Héctor  1969 – 1986

Q.E.P.D.

Blog primero – 17 de mayo de 2008

Cajita con olor a niñez

Esta es mi cajita con olor a niñez, tiene crayolas de muchos colores que tienen ese olor particular de cuando yo tenía 4 años y me iba al jardín de niños; pintaba con ellas y las olía siempre (siempre he tenido la costumbre de oler las cosas). Estas crayolas las tengo desde que tengo 15 años y desde ese tiempo cada vez que me abruman los problemas abría la caja y metía la nariz. Me di cuenta además que cuando escuchaba la canción un velero llamado libertad, mi madre escuchaba a José Luis Perales cuando limpiaba la casa en las mañanas “y se marchó y a su barco le llamó libertad, y en el cielo descubrió gaviotas y pintó estelas en el mar”…mientras yo pintaba con las crayolas en mis cuadernos (a veces en las paredes, a veces en los muebles) me sentía feliz sabiendo que mi madre estaba ahí conmigo y que nada malo podía pasarme, que nadie podía hacerme daño si mi mamá estaba ahí con esa bella música de fondo y con mis crayolas de colores en las manos.
Ahora aun tengo la costumbre de meter mi nariz a la cajita, ahora que he comenzado a sentir miedo por las noches a veces tomo una crayola, pongo la canción de fondo y me echo a dormir oyendo mi crayola, puedo parecer loca pero eso me da tranquilidad, siento que nada malo va a pasarme, no importan los problemas; mi cajita con olor a niñez lo arregla todo.

Blog primero – 13 de abril de 2008

Pdta. 12 febrero 2017- Cuánto bien me haría ahora tener de vuelta mi cajita con olor a niñez…

Mucho más

A mí siempre me ha perturbado el contacto físico con personas que no conozco, pero hoy me pasó algo rarísimo, un anciano pedía dinero cerca a la plaza (yo casi nunca doy limosna, no sé por qué), le dí algo y él tomó mi mano y la besó, luego comenzó a hablarme en quechua con una voz muy tierna. No sé lo que me dijo, pero me sentí reconfortada, muy reconfortada.
Fue mucho más lo que recibí que lo que dí.

Lluvia de miércoles

Tenía 9 años, era la primera vez que visitaba Cajamarca y siempre preguntaba : cuándo veré una lluvia de verdad? Pasaban los días y nada.
Hasta que luego de una semana, el día llegó, lluvia como ducha y truenos que te estremecían el cuerpo – Ahora ya puedes decir que presenciaste una lluvia de verdad, no esas gotitas que hay allá en Lima- me dijo mi prima. Ese día me enamoré de la lluvia y de sus truenos.
Hoy, casi 20 años después, recuerdo ese día, me vuelvo a emocionar hasta las lágrimas con la lluvia, los truenos me vuelven a dar escalofríos, y llenan mi alma. Se me vuelve a inflar el pecho de emoción en cada trueno.
Me siento en paz aquí, me siento en paz ahora.

Si yo muriera pronto

Hace unos días le pregunté a un amigo: “¿Qué crees que dirían o sentirían las personas que te conocen si murieras mañana?
Nunca me había hecho esta pregunta yo misma, sin embargo se me quedó rondando por la cabeza.
A veces no sabemos cuán importantes somos para las personas que nos rodean, y viceversa, no sabemos cuánto pintaban en nuestras vidas hasta que de pronto, ya no están.
Si yo muriera pronto, mañana por ejemplo, mi familia sabría exactamente qué hacer.
Elegirían primero, el lugar del velorio, presiento que no dejarían que fuese en un velatorio porque es un poco frío, tal vez sería en casa de mis padres.
La gente llegaría con café, galletas, mantequilla y algún infaltable licorcito.
Prepararían almuerzo y cena para los invitados, y tratarían de que siempre haya gente para que la muertita no se quede sola, como siempre dicen en mi familia.
Mis primas correrían con agua de azahar (camuflada en botellas de agua cielo) por toda la casa, y el infaltable alprazolam del que tanto gustamos cuando estas cosas pasan.
Como siempre, mi familia no se resignaría a que todos debemos morir, y sería una escena más dramática que la otra, y es que en mi familia pensamos que todos somos inmortales y cuando alguno de nosotros cae, se va, lo tomamos con la mayor de las sorpresas, como si fuera un error de Dios llevarnos.
Creo que a estas alturas de mi vida, ya no habría ninguna persona que se alegrase de mi muerte (qué aburrido no?), y eso es bueno, supongo.
Vendrían familiares del extranjero, y espero, también de mi querida Cajamarca a darme el último adiós.
Mis perros estarían bajo el cajón seguramente, sufriendo mares, porque sabrían exactamente qué pasa.
Y luego de un tiempo, todo volvería a la normalidad, porque la vida es así, aunque uno piense que ya no queda nada más, aunque se te destroce el alma, todo pasa.
No me he puesto a pensar qué sentiría cada una de las personas que conozco, eso sería pensar demasiado, y me he propuesto no hacerlo con tanta intensidad últimamente.

Pajarillo

En su época de caos, solía estar en forma para afrontar ciertas situaciones, ciertos tipos de dolores; pero había pasado demasiados años en estabilidad, había olvidado lo que es que sientas más que la otra parte, vamos, que quieras y no te quieran, o al menos no tanto.
Él conocía los errores que cometía cuando se enamoraba, a pesar de siempre parecer un hombre seguro de sí mismo, apuesto y formal, cuando se enamoraba era un desastre.
Solía lanzar su orgullo al suelo levantando el ego de las mujeres de las que se enamoraba, y como era de esperarse, siempre se habían aprovechado de él.
Un día encontró a alguien que nunca se dio cuenta de este error que él cometía así que nunca pudo aprovecharse, por el contrario lo único que vio fue las heridas que traía de tanto haberse ejercitado en el juego del desamor. Ella se las curó, una a una, y él cual pajarillo agradecido, se quedó con ella.
Pero nadie contaba con que él, en efecto era un pajarillo y por naturaleza necesitaba volar, ella por el contrario era una buena topo. El desenlace es bastante obvio.
¿Han escuchado el cuento de Pulgarcita?

Hablar o callar

¿Sabes que es mejor guardar y no decir lo que sientes/piensas? No.

Desde niña he dicho cuánto he querido, siempre hice uso de la libertad de expresión que me regalaron mis padres,recuerdo que a los 3 años le dije mi peor insulto a una señora que no me dejaba coger los adornos de su sala: “Mono”.

En mi adolescencia cuando me atreví a decirle a un profesor que me me disculpe pero que parecía hipócrita e interesada la actitud que estaba tomando. Él me preguntó qué opinada, y fui sincera, siempre sincera.

En algún trabajo en el que me valió el puesto resistirme a firmar cosas que no consideré correctas, y decir abiertamente, hey, estás mintiendo, ¿qué pasa contigo?.

Las tantas veces en que defendí y levanté la voz por quienes no la tenían en aquel momento.

Siempre decir lo que pienso, lo que siento, aunque no obtenga las respuestas que quiero, aunque esto muestre mi lado vulnerable, mi lado humano o inhumano, mi lado cursi, mi lado tonto, mi lado cruel, y mi lado tierno (¿por qué no?), aunque hablar signifique lanzar mis armas al suelo y decir “tómalas, úsalas contra mí si quieres”.

 

El encierro

No creo ser claustrofóbica, sin embargo creo tener un miedo especial hacia el encierro. Cuando era niña mi abuela y yo queríamos entrar a su garaje para buscar algunas cosas, pero teníamos un gran problema; teníamos que pasar por la sala que mi abuelo mantenía meticulosamente encerada, todo ser humano (excepto él) estaba prohibido de pisarla. Aún así decidimos arriesgarnos y entrar corriendo por la sala hasta el garaje, mientras buscábamos apresuradamente las cosas escuchamos los pasos de mi abuelo, luego la puerta cerrarse y luego la llave dar vuelta. 

Recuerdo haber gritado con todas mis fuerzas y aún así sentir los pasos alejarse. Se ha borrado de mi mente en qué momento salimos o quién nos abrió.


Hoy en día, necesito puertas abiertas, siempre.

 

Cristal

Sus pequeños corazones eran de cristal, estaban fuera de ellos, se los habían sacado, los habían intercambiado.
Levantaron los corazones en las palmas de sus manos, al mismo tiempo mientras se miraban a los ojos. Los levantaron hasta la altura de sus rostros, y de pronto él apretó el puño con todas sus fuerzas, los pedazos cayeron al suelo, instantáneamente (reflejo?, despecho?) Ella hizo lo mismo.

Qué haces

Ya tu mirada no es tan profunda
Ya mis ojos no están tan vendados
Qué haces
Ya sé que las mariposas eran de humo
Ya sé que sus alas se les cayeron con el viento
Qué haces
Ya sé que tus pasos no siguen los míos
Ya sé que tus manos no dibujan mi rostro
Ya sé, ya sé, ya lo sabía.

El tiempo de Dios es perfecto

Desde hace mucho tiempo he escuchado la frase “sigue así, los esfuerzos tienen sus recompensas” y aunque al principio lo creía, con el tiempo me fui desilusionando, me había esforzado por muchos años y no veía tal recompensa.
Pero lo creamos o no, lo cierto es que el tiempo de Dios es perfecto.
Hoy que tengo tiempo de sentarme a meditar, puedo darme cuenta de que esa recompensa que tan incierta me parecía, está llegando con paso firme.
Y que como dije antes, lo creamos o no, el tiempo de Dios es perfecto.

Sin poder dormir

Hoy, como hace un año, me vuelve a golpear una tragedia familiar. Esto me hace pensar que la muerte ha comenzado a rondar a mi familia, que ya no nos va a dejar en paz, y que tal vez lo que sigue es una cadena de tristezas.
Aún no logro asimilar que ya no estarás con nosotros para ponernos las pilas, para despertar las reuniones con tus ocurrencias y tus bailes, para llenar nuestra alma de tu alegría inagotable.
Me es difícil poder perdonarme no haberte ido a visitar en el hospital, nunca pensé que de verdad te irías tan pronto, quería esperar a que salieras para poder visitarte en casa y poder reírnos de esto como cuando nos reíamos de todo y de todos…Fui cobarde, muy cobarde, y no quise verte así.
Y ahora estoy aquí frente a esta computadora, con un nudo en la garganta, sin poder creer que te fuiste, y sin poder dormir…

 

 

FAMILIA

Sabemos que los amigos, los verdaderos amigos; son un regalo hermoso que nos da la vida (y se sabe que cuando digo la “vida” me refiero a Dios), personas afines a nosotros, con gustos, valores,historia, formas de pensar y sueños parecidos a los nuestros, por eso los escogemos, porque su compañía en parte o a lo largo de nuestra vida es algo hermoso.
Es por ello que debemos cuidar estas relaciones, regarlas como a una plantita delicada, para que el amor no se nos escurra.

Pero la familia, ah esa gran palabra: FAMILIA.
La familia es otra cosa, tener una gran familia es un privilegio, privilegio que muchas veces descuidamos, pasamos por alto, abusamos de que efectivamente la sangre es más espesa que el agua y nos descuidamos.
Recordamos sólo que somos familia en matrimonios y velorios, ah! ahí somos infaltables…

En la familia encontramos personas a veces totalmente diferentes a nosotros, con otros gustos, otros sueños, otras formas de pensar, otra edad y a pesar de todo ello, los amamos inmensamente, eso es lo grandioso de la familia. El amor a pesar de las diferencias, a veces tan marcadas y pesadas.

La vida nos pone a la familia ahí, y depende de nosotros disfrutar o no de ese regalo hermoso.
Lo más importante siempre debe que ser lo más importante, no le quitemos jamás a la familia el lugar que le corresponde en nuestras vidas.

A mi perro le gusta Redemption Song

Es gracioso imaginar un perro cantando o tarareando una canción, sin embargo que no puedan hacerlo no quiere decir que no gusten de determinados temas musicales.

Hace algunos años lo comprobé con mi perro y “Redemption Song” de Regina Spektor.
Ponía esa canción e instantáneamente ella movía las orejitas y se acercaba hacia el escritorio que es de donde salía la música.

Hoy sonó esa canción mientras limpiaba e hizo lo mismo, en cuanto suena me lanza una mirada profunda como diciendo “ni se te ocurra cambiar a la canción”.

Comprobado a mi perro le gusta Redemption Song; y a mí también.

 

Buscando respuestas

Hace tiempo alguien me dijo que necesitaba encontrarse a sí mismo, seré sincera, pensé que era una excusa tonta, realmente tonta y hasta me sentí burlada.
Hoy, 10 años más tarde siento esa necesidad.
El tiempo me ha dado la oportunidad de pensar, y a veces sorprendo perdiendo el tiempo.
Hoy una voz me dijo “No es para esto que la vida te dejó libre“.
Estoy buscando respuestas, el problema es que no sé exactamente cuáles son las preguntas y eso me perturba.
Me siento como atrapada en la telaraña del miedo, ¿Cuándo me voy a decidir?

Apareces

Apareces, cuando siento que tal vez estoy sola
apareces y completas mi rompecabezas.
Todo pasa, todo cambia,
El lobo no cree más que el reflejo de la luna en el agua sea un queso.
Sin embargo es capaz de creer en la luna, de confiar en ella y sentirse siempre acompañado a donde quiera que vaya.

La agresividad que transmití

No siempre es fácil aceptar nuestros errores. Pero creo que ha llegado el momento de aceptar que tal vez mi Tequila es un reflejo de mí. No me di cuenta hasta ahora que vivimos cerca a un parque y ella tiene que socializar con otros perros, le cuesta mucho, su temperamento agresivo no le permite hacer amigos.
Al principio no comprendía por qué se comportaba de esa manera, “si yo no ando por ahí atacando a la gente”…”a menos que me ataquen primero”, ya con la segunda frase que me salió casi instantáneamente me di cuenta de todo. Tequila tampoco ataca a menos que se sienta atacada primero, y al ser algo nuevo es lógico que sienta que todos ellos son una amenaza, es muy desconfiada, como yo.
Pero, ¿por que Piyi no es así? Si también la he criado yo, decía, y es el perro más tranquilo frente a otros perros, nunca busca pelea, ni responde, simplemente los ignora. Sin embargo tampoco socializa. 
Entonces me puse a analizarme respecto a Piyi, y me di cuenta que también ella es igual a mí, pero en otro aspecto. También suelo evitar discusiones, jamás discuto sobre política o religión, ni siquiera emito comentarios ya que realmente no me interesa saber la opinión de las otras personas, y cual Piyi, jamás me siento aludida y me vuelvo ausente dentro de las conversaciones. Incluso cuando intentan picarme con algunos temas, me hago “la loca” casi siempre. Solo cuando van directamente a mí, es cuando reacciono, y lo hago realmente mal, es por eso que evito comenzar una discusión que se que acabará por desatar mi agresividad.
Hoy tendré que sacarlas de nuevo, y por más que lo intento, no puedo evitar sentir nervios, ayer una perrita le pegó a Tequila, y en verdad le respondió su agresividad, y pensar que hoy puede pasar lo mismo me tiene muy, muy nerviosa y eso claramente no ayuda a Tequila, ya que ella siente mis nervios y se pone aun más agresiva.
Sólo espero que las cosas vayan mejorando…

El terco nudo en la garganta

Mi llanto estuvo metido en lo profundo de mi ser, se escondió presa del miedo.
Mi herida lleva algunos días fuera, en carne viva, ya no puede esconderse más.
Todo comenzó cuando se abrió el closet y vi tus camisas aun colgadas, luego tu juego gana-gol que aun está intacto, y una foto tamaño carnet en la mesa de tu cuarto.
Mis lagrimas no paraban de salir, sentí tanta impotencia cuando supe los pormenores…sentí la palabra “negligencia” clavarse en mi corazón como un cuchillo, filoso, despiadado. Lo tengo aquí clavado, hiriendo un poco mas cada vez que la palabra vuelve.
Volví a romper en llanto hoy, es necesario, dice mi madre, llorar, desahogarse…el problema es, que no me siento ni un poco aliviada, ni un poco.

¿Ves cómo haces falta?

No puedo quitarme de la mente el recuerdo de ese día, tu fiesta.
Los mariachis cantando,  tu mano fría entrelazada con mi mano y tu cabeza melancólica apoyada en la mía. 
Se me hizo un nudo en la garganta, esbocé una gran sonrisa para que nadie se diera cuenta, que ya me estabas doliendo.
Aún, si me distraigo, podría pensar que sigues aquí, con nosotros, como ese día, paradito con la cabeza recostada en el marco de la puerta, con la mirada perdida, con la sonrisa a medias, respondiendo que sí estabas muy contento que haya ido casi toda la familia a verte…Pero luego caigo en cuenta de que no, que ya no estás, que es una ilusión y otra vez vuelve el nudo en la garganta.
Siempre me harás falta, siempre me hará falta quien me diga “fiolito”.
Estaré sin ti en mi día importante, ¿ves como haces falta?…

Me has dejado

Se supone que son tus padrinos quienes te quedan cuando ya no están tus padres. Pero en mi nueva realidad, mi padrino se fue antes, y me parece increíble estar escribiendo estas líneas, me parece increíble decir, escribir, que ya no estás.

Y esto me está doliendo terriblemente, te has ido, nos has dejado, me has dejado y me siento
huérfana en este mundo sin ti.
Eras el hombre que más amé desde que tengo uso de razón luego de mi padre y hermano.
Por ti dejé que me sacaran 250ml de sangre para que te operaran, aun cuando siempre pensé que moriría de miedo si algún día lo hacía.
En unos momentos debo salir para tu velorio, y tengo miedo, quisiera cerrar los ojos y que todo esto sea un mal sueño, una pesadilla horrible.
Sí, muero de miedo, miedo de verte, y ya por fin tener la certeza de que no estás, de que nos has dejado, de que me has dejado, y sentirme huérfana en este mundo sin ti…

 

Mi paso por las librerías

No suelo entrar a las librerías a menos que me haya quedado sin reservas para leer, pero sucede que últimamente las tentaciones me ganan. Tengo cuatro libros nuevos con los que me podré entretener algunas semanas.
He comprado, El nombre de la rosa de Umberto Eco, La mala hora de GGM, y dos de Benedetti; La Tregua e Inventario I. Sí, me excedí, ahora que debo dejar de gastar en cosas que no sean primera necesidad o en el gasto mayor que tendré este año.

Pero, vamos, era una oportunidad que no dejaría pasar.
Aquí uno de mis poemas favoritos de Benedetti:

Táctica y Estrategia:

Mi táctica es 
mirarte 
aprender como sos 
quererte como sos 

mi táctica es 
hablarte 
y escucharte 
construir con palabras 
un puente indestructible 

mi táctica es 
quedarme en tu recuerdo 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
pero quedarme en vos 

mi táctica es 
ser franco 
y saber que sos franca 
y que no nos vendamos 
simulacros 
para que entre los dos 
no haya telón 
ni abismos 

mi estrategia es 
en cambio 
más profunda y más 
simple 

mi estrategia es 
que un día cualquiera 
no sé cómo ni sé 
con qué pretexto 
por fin me necesites



Lazos


Debo confesar, que cortar lazos es a veces algo que disfruto.

Mantenerlos con hipocresía, por interés, con desgano, es un acto repugnante que va cargándonos de falsedades.
Nos vamos poniendo máscaras, una tras otra, hasta que llega el momento en que perdemos completamente nuestro verdadero rostro, ya no percibimos nuestros verdaderos sentimientos, decimos lo que los demás quieren escuchar, vamos a donde los demás creen que deberíamos ir, apoyamos las causas que los demás consideran justas e ignoramos aquellas que la sociedad ignora.
En otras palabras, dejamos de ser nosotros, perdemos la esencia y luego, ¡ ironías de la vida! somos juzgados por ello.


Cada vez

Cada vez la valla se va haciendo más grande, es inevitable.
Me permito dedicarte uno que otro post, por el espacio tan importante que tuviste en mi vida.
Cuando un vaso de vidrio cae al suelo y se rompe, es imposible reconstruirlo. y si aún lograras juntar todas sus piezas, sería imposible volver a sentir la confianza de antes al beber de él.


Desgano

Y si yo decidiera dejar todo,

cerrar las puertas, las ventanas,

cortinas,mis ojos, mi corazón.
Tal vez si yo decidiera

hacer todo eso,

dejaría de sentir este desgano abismal,

desgano agresivo, desgano tormentoso.
Cerrar los ojos,

encontrarte al abrirlos,

así de pronto, así sin más.
Que seas como los príncipes

con las que sueñan las adolescentes

y mates al dragón

que está a punto de comerme viva;

mi desgano.

Regalo de cumpleaños

I
Y si quizás yo te mirara,
a través del ojo del tiempo,
aún te vería andando llena de infinito,
como si en tu busto,
se escondiera el universo,
y si te desnudaras,
sería como ver a Dios,
o un cuadro de Dalí,
o más exactamente a Dios
encerrado en un cuadro de Dalí;
los colores comenzarían a entrar por la ventana,
como caballos salvajes.

II
Entonces yo podría sostenerte,
con mis labios bordeando tu figura,
sostener la palabra amor,
también,
que es tan frágil,
menos cuando miro tus ojos,
cuando están mis pasos en aquel túnel,
donde no está permitido,
llevar atuendos.

Helí – Regalo de cumpleaños, año 2007

Feliz cumpleaños :)

Hace tiempo que no uso este medio para expresarme, supongo que aparte de la limitación por la recuperación post-operatoria,; se asomó por aquí el desgano.

Hoy es tu cumpleaños, un día que jamás olvido (y ya ves que siempre me ando olvidando de todo en esta vida), eres realmente importante para mí, mi querida saltamontes y ya sabes, como dice la canción, te aguantaré el corazón y siempre estaré contigo, tengas o no tengas razón.

 

1er año

Un día como hoy, te fuiste de este mundo que tanto te hacia renegar, abandonaste el cuerpo que tantos dolores te hacia sentir.

Me alegra que ya no sufras, sin embargo siento aún un nudo en la garganta cuando te recuerdo, haces mucha falta. Fuiste como un hada madrina en mi vida, siempre llegando con cosas que me faltaban, cargando bolsas que seguramente te pesaban horrores.
Siempre te estaré agradecida por haber alegrado mis días.
Y perdóname si aún podrían escaparse algunas lágrimas.

Raras manías

El viernes entré a la librería mientras esperaba, comencé la rutina, un libro en la mente (o un autor), ubicar el espacio donde debería estar, y comenzar a leer título por título…si lo encuentro, lo compro, sino…me niego a preguntar, si no puedo encontrarlo por mi misma…no era el día destinado para ese libro, esa es la rutina.
Hoy no encontré un libro de Benedetti…ni modo.

Tu ausencia en esta tarde fría

Ver tu foto me es aún muy complicado, nunca nos tomamos una foto juntas verdad? Que crueldades de la vida.
En esta tarde fría y hermosa como tanto me gustan, te metiste a mi mente como esta canción…te extraño, y hoy solo me quedan tus libros, un almohadón tejido por ti, unos patitos revoloteando encima de la radio, y una que otra reliquia.